5.3.08

Ciencias Sociales

Un panorama de las Ciencias Sociales. Aunque la diferencia es tenue, de acuerdo a lo que se argumenta, entre las Humanidades y las Ciencias Sociales, la Sociología aparece en alguna medida como lo que es: una Ciencia totalizante del estudio de la Sociedad y por ello comprensiva y receptiva de múltiples disciplinas.

Ciencias Sociales

http://es.wikipedia.org/wiki/Ciencias_sociales

Las ciencias sociales son aquellas ciencias o disciplinas científicas que se ocupan de aspectos del comportamiento y actividades de los seres humanos, no estudiados en las ciencias naturales. En ciencias sociales se examinan tanto las manifestaciones materiales e inmateriales de las sociedades.

La característica diferenciadora entre las ciencias naturales y las sociales es que los seres humanos poseen habilidades cognitivas específicas que crean una conciencia y representaciones mentales abstractas que en general influyen en su comportamiento y crean unas reglas de interacción entre individuos complejas, por tanto a diferencia de las ciencias naturales introducen los hechos mentales reales o supuestos.

Por otro lado las ciencias sociales se diferencian de las humanidades, en que las estas dan un mayor énfasis al método científico u otras metodologías rigurosas de análisis.

La mayoría de las ciencias sociales, en el estado actual de conocimientos, no pueden establecer leyes de alcance universal, por lo que muchas veces el objetivo es simplemente interpretar los hechos humanos, aunque abundan en los últimos tiempos los intentos genuinamente científicos de formular predicciones cualitativas.

Con frecuencia, las interpretaciones de la actividad humana se basan en la comprensión de las intenciones subjetivas de las personas. Aunque tal como hacen algunos teóricos en antropología y sociología, conviene distinguir entre:

Las intenciones declaradas que son conscientes y pueden ser recogidas directamente preguntando a los sujetos, ésta es la descripción émica o "emics") de un suceso.

El comportamiento observado que en ocasiones puede ser inconsciente y diferir significativamente de las intenciones declaradas. Este comportamiento es la descripción material y objetiva de las secuencias llevadas a cabo sin presuponer motivos o intenciones. Dados dos observadores la descripción ética (etológica) o "etics" es el conjunto de hechos observables por ambos con independencia de las interpretaciones que ambos hagan del fenómeno.

Grupos de Ciencias Sociales

Las ciencias humanas se dividen en Psicología, Antropología y ciencias sociales o Sociología.

El principal grupo de ciencias sociales está formado por las siguentes ramas:

Antropología
Economía
Lingüística
Psicología
Psicopedagogía
Sociología
Ciencia política
Geografía

A la cual se agregan otras disciplinas con enfoque científico:

Arqueología
Demografía
Derecho
Educación
Ecología humana
Etnografía
Etnología
Geografía humana
Pedagogía
Urbanismo

Otras disciplinas, que son ubicadas a veces como parte de las humanidades, pero cuyo estatus de ciencia es más controvertido, este tercer grupo está formado por:

Ciencias de la Comunicación
Filosofía
Filosofía de la ciencia, de la cultura, etc.
Historia
Teología
Semiótica
Semiología
Sociología jurídica
Trabajo Social

Muchas de las disciplinas científicas que integran este grupo han tenido discusiones epistemológicas respecto a qué es una ciencia. En sus inicios se tomó como modelo de una ciencia a la física y demás ciencias naturales. Sin embargo con el tiempo se ha identificado la particularidad del objeto de estudio, que es la sociedad, la cual no se encuadra dentro de los métodos y supuestos que estudian las ciencias naturales. Una distinción teórica en profundidad se halla en el artículo: Teoría de las Ciencias Humanas y también en otros enfoques epistemológicos del Diccionario Crítico de las Ciencias Sociales.

En la actualidad existen críticas a la creciente especialización y escasa intercomunicación entre las ciencias sociales. Esto iría en menoscabo de un análisis global de la sociedad (ver Wallerstein 1996).

En la Encyclopedia of Sociology (Borgata y Mantgomery 2000), estudia este tema: La Sociología está poco relacionada con la Psicología social, con la Historia social, con la Geografía humana, con la Política pero debería estarlo más; si está más relacionada con la Antropología cultural, con la Ecología humana, con la Demografía, con el Urbanismo, con la Estadística y con la Filosofía.

Dichas relaciones no son en su totalidad, sino en partes o sectores de cada disciplina.

La Sociología es la asignatura más abierta a otras aportaciones del resto de las Ciencias sociales y esto lo deducen de las recopilaciones de índices de citaciones en artículos y libros.

El proceso es que en las zonas fronterizas se van creando híbridos y esto es lo que les da coherencia a las necesarias interdependencias o prestaciones.

La escasa intercomunicación entre disciplinas aún es más manifiesta entre científicos sociales de los diferentes países, que citan solamente a los de su entorno cultural, o su propio país, y principalmente a los clásicos, cuando de hecho los grupos latinoamericano, europeo y japonés, supera en bibliografía al grupo inglés americano.

20.2.08

Sociología, Sacerdocio y Revolución

Interesante nota biográfica que destaca la formación académica de Camilo Torres en Sociología.

1. Estudió Sociología en la Universidad de Lovaina, Bélgica.

2. Fundó varios círculos de investigación económica y social.

3. En 1958 se graduó como Sociólogo con una investigación de estadística socioeconómica sobre Bogotá, Colombia.

4. En 1960, junto con Orlando Fals Borda, funda la Facultad de Sociología en la Universidad Nacional de Colombia.

5. A mediados de la década del 60, realiza estudios sobre el problema de la violencia social.

En El Salvador, un joven estudiante de Sociología, proveniente de sectores cristianos y de la pequeña burguesía, también optó por la acción político-militar, como Camilo Torres. Rafael Arce Zablah escribió un libro "El Grano de Oro", caracterizando sociológicamente a la oligarquía cafetalera de la época (década del 70) y fué fundador del Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP, una de las organizaciones que conformaron posteriormente el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN. También murió en combate.

A continuación la nota biográfica sobre Camilo Torres:

http://revistapuntosuspensivo.wordpress.com/2008/02/20/vida-de-camilo-torres/

"Jorge Camilo Torres Restrepo nació en Bogotá el 3 de febrero de 1929. Sus padres fueron Calixto Torres Umaña, prestigioso médico, e Isabel Restrepo Gaviria. De familia acomodada, burguesa y liberal. Vivió junto con su familia en Europa, entre 1931 y 1934. En 1937, el matrimonio se disolvió, y Camilo pasó a vivir con su madre y su hermano Fernando.

Se graduó como bachiller en el Liceo Cervantes en 1946. Luego de estudiar un semestre de derecho en la Universidad Nacional de Colombia, ingresó al Seminario Conciliar de Bogotá, donde permaneció siete años, tiempo durante el cual Camilo se comenzó a interesar por la realidad social, creando un círculo de estudios sociales, junto con su compañero Gustavo Pérez. Como cristiano, se sintió atraído por el tema de la pobreza y la justicia social.

Camilo se ordenó como sacerdote en 1954, y luego viajó a Bélgica a estudiar sociología en la Universidad de Lovaina. Durante su estadía en Europa, hizo contacto con la Democracia Cristiana, el movimiento sindical cristiano, y con los grupos de resistencia argelina en París, factores que lo llevaron a acercarse a la causa de los oprimidos. Fundó con un grupo de estudiantes colombianos de la universidad el ECISE (Equipo colombiano de investigación socioeconómica).

En 1958 se graduó como sociólogo con el trabajo “Una aproximación estadística a la realidad socioeconómica de Bogotá” (publicado en 1987 como “La proletarización de Bogotá”), que fue uno de los pioneros en sociología urbana del país. En 1959 regresó a Bogotá y fue nombrado capellán de la Universidad Nacional. Allí , junto con Orlando Fals Borda, fundó la Facultad de Sociología en 1960, a la que estuvo vinculado como profesor.

Sus investigaciones sociológicas iniciadas con su tesis de grado lo llevaron a familiarizarse con las estructuras sociales tanto urbanos como rurales. Fundó el Movimiento Universitario de Promoción Comunal (MUNIPROC), y desarrolló trabajos de investigación y de acción social en barrios populares y obreros de Bogotá, como el barrio Tunjuelito. Como capellán, introdujo en Colombia muchas de las reformas del II Concilio Vaticano, como dar la misa de frente y no de espaldas, y decirla en español y no en latín. Pregonó que el problema no era rezar más sino amar más.

En 1961 empezó a tener problemas con el cardenal Concha Córdoba, quien no veía con buenos ojos las labores de Camilo. La situación fue tornándose espinosa, hasta que el prelado lo destituyó de su cargo de capellán, de los trabajos académicos y de las funciones administrativas que tenía en la Universidad Nacional.

Colaboró con la investigación dirigida por Germán Guzmán, publicada como “La violencia en Colombia” (1962, segundo tomo 1964). En 1963 presentó el ensayo “La violencia y los cambios socioculturales en las áreas rurales colombianas”, en el primer Congreso Nacional de Sociología. Hizo parte del Instituto Colombiano para la Reforma Agraria (INCORA) y la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP). Presionado por el alto clero, en 1965 renunció al sacerdocio.

Ése año, planteó una plataforma para un movimiento de unidad popular, gestando así a la fuerza política “Frente Unido del pueblo”. Desarrolló numerosas manifestaciones y actos públicos, y publicó el semanario “Frente Unido”. Igualmente hizo contacto con el Ejército de Liberación Nacional, conformado en 1964, con el que acordó la continuación de la agitación política en las ciudades, y su posterior ingreso a la organización cuando se considerase necesario.

El segundo semestre de 1965 Camilo trabaja en el impulso al Frente Unido y en la publicación del semanario del movimiento (el “Frente Unido”). Camilo llenó las plazas públicas y tuvo un vertiginoso ascenso político. Ratificó el abstencionismo como posición revolucionaria.

Luego del hostigamiento y la persecución estatal, se vinculó en noviembre al ELN, y lanzó la “Proclama a los colombianos”. En su primer combate, el 15 de febrero de 1966, murió en combate en Patiocemento, Santander. Sus restos mortales fueron sepultados en algún lugar clandestino, desconocido hasta el momento.

Pensamiento político Camilo formó parte de una iglesia contestataria internacional que se desarrolla en la década de 1960, convirtiéndose en una de sus figuras principales. El cristianismo bien entendido suponía, para Camilo, la creación de una sociedad justa e igualitaria. Esto lo tradujo como la obligación de hacer una profunda revolución, que despojara del poder a los ricos y explotadores (la oligarquía), para darle paso a una sociedad socialista.

Los principales planteamientos de Camilo Torres pueden sintetizarse en las siguientes ideas en torno a la situación nacional: para transformar el país y lograr el bienestar de la clase popular es necesario liberar al país del imperialismo norteamericano y de la oligarquía que sirve a sus intereses; es necesaria la fusión, la movilización y la vinculación de los sectores pobres de la población a la lucha por la construcción de un nuevo Estado. Por esto, debe generarse la unidad del movimiento revolucionario y opositor, aglutinando a las masas oprimidas del país; debe tenerse la convicción de llevar la lucha hasta el final afrontando todas las consecuencias; y por último, los cristianos no solamente tienen la posibilidad de participar en la revolución, sino que tienen la obligación de hacerlo (”el deber de todo cristiano es ser revolucionario, y el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”).

Otro elemento fundamental en el pensamiento de Camilo lo constituyó su esfuerzo por conciliar el cristianismo con el marxismo, impulsando un nuevo tipo de sociedad de carácter socialista y cristiano, basado en la justa distribución de la riqueza. “Los marxistas luchan por la nueva sociedad, y nosotros, los cristianos, deberíamos estar luchando a su lado”.

Todo este proceso debe ser desarrollado, como lo plantea Camilo, a partir de la acción popular, combinando la actividad política con la militar, y llevando a cabo labores políticas y organizativas a partir de las bases, es decir, en estrecha relación con el pueblo.

La formación del pensamiento político de Camilo estuvo marcado por varias etapas. En primer lugar, tuvo una formación cristiana católica, pero siempre estando vinculado a la realidad social, y a la situación de pobreza de la población colombiana. Posteriormente viajó a Europa donde se formó como sociólogo, pero también donde hizo contacto con el mundo socialista y el movimiento obrero.

A su regreso a Colombia, Camilo se planteó complementar sus esfuerzos por el bienestar de los pobres con la actividad científica e investigativa, a partir de sus conocimientos de sociología. En este sentido, desarrolló proyectos de acción social y comunitaria, en los que puso el saber sociológico al servicio de los sectores pobres.

Pero sus labores fueron truncadas y entorpecidas por la burocracia gubernamental y el régimen político, factor por el cual Camilo pasó a participar en el campo político, oponiéndose al sistema del Frente Nacional (1958-1974) en el que los partidos tradicionales, el liberal y el conservador, se repartirían el poder milimétricamente, excluyendo a los demás sectores políticos. En esta perspectiva, Camilo gestó e impulsó el “Frente Unido del pueblo”, en el que buscaba aglutinar a todas las fuerzas políticas revolucionarias y de oposición en torno a la “Plataforma del Frente Unido”, que constaba de diez puntos, los cuales hacían referencia a: reforma agraria, reforma urbana, planificación, política tributaria, política monetaria, nacionalizaciones, relaciones internacionales, salud, familia y fuerzas armadas.

La incapacidad de lograr cambios auténticos y profundos por medios pacíficos y legales, llevó a Camilo a plantearse la necesidad de la lucha armada como medio para el establecimiento de un nuevo estado y una nueva sociedad, de carácter socialista. Por ello se vinculó al ELN, donde esperaba alcanzar la realización de la revolución en Colombia, hasta que cayó muerto en su primer combate.*

Su ejemplo inspiró a movimientos de sectores cristianos como el grupo “Golconda”, o el caso chileno de “Sacerdotes para el socialismo”, impulsor del ascenso de Salvador Allende, y a personalidades como el padre Ernesto Cardenal, participante de la rebelión sandinista en Nicaragua, y en general, a las comunidades eclesiales de base, que conformaron una nueva iglesia latinoamericana comprometida con el cambio revolucionario, originándose la corriente conocida como la “teología de la liberación”.

Igualmente, el ejemplo de Camilo fue retomado por sacerdotes comprometidos que se vincularon a la lucha armada, como los casos de los españoles Domingo Laín y Manuel Pérez, que morirían combatiendo con el ELN. (Pérez llegó a ser comandante político de la organización, hasta que murió por una enfermedad en 1998).

Hoy en día, su ejemplo se mantiene en la lucha revolucionaria que mantiene el Ejército de Liberación Nacional desde hace 38 años, y su pensamiento perdura en estudiantes, obreros y campesinos de toda Colombia y América Latina.

Edgar Camilo Rueda Navarro

2002

Bibliografía sobre Camilo Torres Sobre Camilo se han escrito numerosas obras que trascienden todos los géneros, en las que se pueden encontrar ensayos, libros, tesis de grado, artículos, reportajes, etc., así como obras a nivel internacional. Las más destacadas son:

SOTO APARICIO, Fernando. “La siembra de Camilo”. (novela). Bogotá, Plaza y Janés, 1971.

BRODERICK, Walter. “Camilo Torres. El cura guerrillero”. Bogotá, Círculo de lectores, 1977. {edición colombiana}

VILLANUEVA, Orlando. “Camilo. Acción y utopía”. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1995.

HABEGGER, Norberto. “Camilo Torres, el cura guerrillero”. Buenos Aires, Peña Lillo, 1967.

LÓPEZ, María. “Camilo camina en Colombia”. Bogotá, 1989.

TRUJILLO, Francisco. “Camilo y el Frente Unido”. Bogotá, 1987.

________________________

* En una entrevista conducida por Marta Harnecker y publicada con el titulo Unidad que multiplica (Quito, Editorial La Quimera, 1988), Rafael Ortíz, miembro del Comando Central de la Unión Camilista Ejército de Liberación Nacional (UCELN), explica las circunstancias de la muerte de Camilo Torres: “Al vincularse a la lucha armada, él se compenetra de inmediato con la vida guerrillera. … En esas circunstancias, cuando se planifica una emboscada, él sostiene que tiene que participar argumentando que si hay normas, él no puede quedar al margen de ellas. … Camilo convence a Fabio y a Medina y éstos resuelven que vaya, pero lo ubican en el sitio más seguro, es decir, en la punta de la emboscada. … Los compañeros, pensando que ya se había eliminado a la tropa que había entrado en la emboscada, dieron la voz de recuperación, pero cuando Camilo va a recuperar un arma es tiroteado por uno de los militares que había caído herido. La emboscada fue un poco larga y cuando se dan cuenta que Camilo ha caído se lanzan a sacarlo pero ya es demasiado tarde. … En esa acción caen cinco compañeros tratando de auxiliar a Camilo.”

5.2.08

¿Primer estructural funcionalista?

Spencer es un pionero. Un precursor en los siguientes puntos:

1. La Sociología como ciencia de la transnformación social, en coherencia con los fundadores, Compte, Saint Simon y en sentido diferente, Engels y Marx.

2. Fusión de la Sociología con la Economía, periodismo socioeconómico.

3. Pionero del estructural funcionalismo.

4. El hecho social es un hecho natural.

5. Bases de la estática social.

6. Bases de la Sociología de la Educación.

En esta nota biográfica, se destacan los elementos mencionados:

http://es.wikipedia.org/wiki/Herbert_Spencer

Herbert Spencer (Derby, 27 de abril de 1820 - Brighton, 8 de diciembre de 1903). Filósofo, psicólogo y sociólogo británico

Fundador de la filosofía evolucionista en Gran Bretaña y uno de los más ilustres positivistas de su país.

Ingeniero civil y de formación autodidacta, se interesó tanto por la ciencia como por las letras.

En el año 1848 asumió la dirección de la revista The Economist, órgano del liberalismo radical de la época.

Desde el punto de vista sociológico cabe considerarle como primer autor que utilizó de forma sistemática los conceptos de estructura y función.

Por otra parte, concibió la sociología como un instrumento dinámico al servicio de la reforma social.

Dedicó su vida a elaborar su sistema de filosofía evolucionista, en la que considera la evolución natural como clave de toda la realidad, a partir de cuya ley mecánico-materialista cabe explicar cualquier nivel progresivo: la materia, lo biológico, lo psíquico, lo social, etc. En sus lecturas conoció la teoría de la evolución expuesta a finales del siglo XVIII por el naturalista francés Lamarck. Su teoría, hoy desacreditada, sostenía que los rasgos adquiridos de un organismo eran hereditarios. Las teorías de Lamarck sobre la evolución influyeron profundamente en la obra de Spencer.

Aplicó la teoría de la evolución a las manifestaciones del espíritu y a los problemas sociales, entre ellos el de la educación, con su obra Educación: intelectual, moral, física.

Su doctrina quedó principalmente expuesta en su Sistema de filosofía sintética (11 volúmenes). De su extensa bibliografía, cabe mencionar: La estática social (1850), Principios de psicología (1855), Primeros principios (1862), Principios de biología (1864), La clasificación de las ciencias (1864), La sociología descriptiva (1873), Principios de sociología (1877-1896) y El individuo contra el Estado (1884).

El a veces extremado realismo de Spencer poseyó (por su semejanzas con el mecanicismo) varios críticos entre los que se destacó el filósofo y psicólogo escocés Alexander Bain.

A pesar de que Spencer no logró crear escuela, su ambicioso intento de sistematizar todo el conocimiento dentro del marco de la ciencia moderna y especialmente en términos de la evolución, le ha hecho merecedor de figurar entre los principales pensadores de finales del siglo XIX.

31.1.08

¿El primer sociólogo de la historia?

*
En esta biografía de Ibn Jaldún la Organización Islámica Argentina, da elementos para considerar a Ibn Jaldún, como el padre de la Sociología, o el primer Sociólogo de la Historia. Ives Lacoste, en una cita al final de esta biografía, lo reputa como el iniciador de la ciencia de la Historia. También otros lo reputan como el primer economista y sus observaciones sobre el sistema de precios en su época atestiguan su aporte científico. Ciertamente la Sociología, la Historia y la Economía son ciencias sociales muy próximas y en su origen, no estan diferenciadas en el pensamiento científico. En la actualidad cada una de ellas tiene un cuerpo teórico propio, sólido, con sus teorías, leyes y categorías; pero también, paradójicamente, están más separadas pero más unidas, todo hecho social es un hecho histórico y la esencia de los hechos sociales se basa en los intereses económicos. De ser así, la presencia de Ibn Jaldún conforme lo descrito en esta biografía, es justificada.

Véase completa en:

http://www.organizacionislam.org.ar/articulos/ibnjaldun.htm

1406 - 2006

SEXTO CENTENARIO DE LA DESAPARICIÓN FÍSICA DE IBN JALDÚN

EL PADRE DE LA SOCIOLOGÍA MODERNA

Ibn Jaldún, un precursor del historiador moderno

Por el Prof. Ricardo H. S. Elía (Codirector del Instituto Argentino de Cultura Islámica)

«El futuro y el pasado se parecen como dos gotas de agua»

Ibn Jaldún

«Estudiar la obra de Ibn Jaldún no es volver la espalda a nuestro tiempo, sino más bien, hacer avanzar el análisis de las causas profundas de nuestros grandes problemas actuales».

Yves Lacoste

Hace seis siglos se manifestaba por primera vez una concepción científica de la historia. El hecho ocurrió en el mundo islámico y el honor cayó sobre el erudito Ibn Jaldún. Fue contemporáneo del infatigable viajero tangerino Ibn Battuta, de Giovanni Bocaccio, el autor italiano de ‘El Decamerón’, y del tristemente célebre conquistador Tamerlán con quien tuvo un breve pero conflictivo encuentro.

Abu Zayd Abd ar-Rahmãn Ibn Muhammad Ibn Jaldún al-Hadrami vio la luz en Túnez el 27 de mayo de 1332, en un mundo culto y elegante, donde las fuentes murmuraban en los soleados patios y la música, los libros y el sosiego meditativo alternaban con los asuntos de estado, siempre interesantes pero no exentos de peligros.

Su familia, oriunda de la Arabia meridional (Hadramaut), había emigrado a España en el siglo VIII, durante los primeros años de la conquista musulmana, y se había radicado en la Sevilla (al-Isbiliyya) a orillas del Guadalquivir

Tres siglos más tarde, los Banu Jaldún eran los líderes políticos e intelectuales de aquella Sevilla dorada. En la mitad del siglo XIII, huyendo de los ataques castellanos, los orgullosos patricios de raigambre árabe pasaron al noroeste de África donde, merced a la influencia de sus amigos, pronto recuperaron riqueza y honores. El abuelo y el padre de Ibn Jaldún además de desempeñar cargos políticos en el gobierno hafsí (1) integraron cofradías místicas.

Tras el restablecimiento del puro monoteísmo por el Profeta Muhammad, hacia el 630, cuando los musulmanes entraron en La Meca, el Islam se extendió rápidamente más allá de las fronteras de la península arábiga, y siguió extendiéndose hasta mediados del siglo X, época en que llegó a su cenit al abarcar la mayor parte de la ecumene. Por el oeste llegaba hasta África del Norte y el Atlántico, las islas de Sicilia y Creta y casi toda España (con una posesión en la costa azul francesa). Por el norte, Siria, Armenia y las regiones del Cáucaso estaban bajo la dominación islámica, así como, más al este, Mesopotamia, Irán, Afganistán, la Transoxiana y parte de las llanuras del norte de la India.

Los horizontes culturales y geográficos de Europa estaban limitados en casi todos los sentidos por el Islam, que mientras las civilización occidental dormitaba en una profunda tiniebla, llegó a alcanzar el cenit de su prosperidad.

Pero hacia el siglo XII, la decadencia de la civilización islámica se había manifestado ya y, en la época de Ibn Jaldún, ofrecía un espectáculo de esplendor fatalmente marcado por el morbo de la desintegración. En sus años de grandeza, sin embargo, no sólo conservó encendida el Islam la antorcha de la sabiduría que Grecia alumbrara, sino que hizo valiosas contribuciones propias, en lo científico y lo espiritual.

Por aquel entonces los musulmanes cultivaban casi todas las artes, además de la navegación, el comercio y la arquitectura y transmitían al Occidente los frutos y técnicas de toda esa actividad. En ciencia y filosofía, los pensadores musulmanes no sólo conservaron todas las conquistas de los griegos sino que, en aspectos tan importantes como prácticos, perfeccionaron y desarrollaron todas las disciplinas enriquecidas por el genio de éstos, convirtiéndose así en nexo entre lo antiguo y lo moderno. El interés europeo por la obra de Aristóteles, por ejemplo, se despertó por primera vez a través del contacto con el pensamiento de Averroes, el filósofo, médico y juez cordobés.

Esta civilización dio al mundo eminentes eruditos, médicos, físicos, astrónomos y naturalistas. Los musulmanes perfeccionaron el cálculo aritmético y fundaron el álgebra y la trigonometría. Resulta más difícil definir la influencia literaria y puramente intelectual del Islam, ya que como ocurre con muchos estudios árabes, persas y turcos, en este caso los textos se perdieron hace siglos o no han sido todavía objeto del necesario análisis.

Hacia el siglo XII, la Europa occidental, latina y cristiana, comenzó a traducir y aceptar las obras de los eruditos musulmanes. Hacia mediados del siglo XIII, el mundo islámico y el Occidente estuvieron más unidos intelectualmente que nunca.

Sin embargo, a partir de la desaparición de la Sicilia arabizada de Federico II en 1250, y particularmente al caer el sultanato de Granada en 1492, se perdieron todos aquellos conocimientos orientales que no habían sido absorbidos ya. Mucho, felizmente, se había asimilado, y los musulmanes fueron objeto del mismo respeto que los griegos hasta que los métodos científicos modernos acabaron con las nociones de unos y otros. Precisamente en este aspecto de los métodos modernos, Ibn Jaldún, primero en tratar a la historia como objeto digno de una ciencia especial, fue un precursor asombrosamente prematuro, y cabe preguntarse cómo se adelantó tanto a su tiempo.

Los Banu Jaldún hicieron estudiar a Abd ar-Rahmãn con los mejores maestros del Magreb (Occidente musulmán) de su época. Él recibió una educación árabe clásica, estudiando el Sagrado Corán y la lingüística árabe, y las bases para la comprensión del Corán y la ley islámica (Shari’a), Ahadiz (narraciones sobre el modelo profético) y Fiqh (jurisprudencia). El místico y filósofo al-Abili lo introdujo en las matemáticas, la lógica y la filosofía. Así estudió la obra de Ibn Sina, Ibn Rushd, ar-Razi y at-Tusi.

A los 17 años, este hombre de múltiples talentos perdió a sus padres y a muchos de sus maestros durante la terrible epidemia de la Peste Negra (1348-1349).

La formación de un erudito musulmán se consideraba entonces como un proceso que tomaba la vida entera, y la escrupulosa lista que Ibn Jaldún hace de sus profesores es imponente. Pero al dar esta lista está presente al mismo tiempo sus credenciales académicas, de las que se deduce que su mente abarcaba un panorama muy vasto, por no decir enciclopédico, rehuyendo la especialización, rasgo que tiene especial importancia dentro de su obra.

África del Norte se dividía por aquel tiempo en tres reinos, en pugna unos con otros y desgarrados por luchas internas (2). La participación activa que tuvo en política permitió a Ibn Jaldún recoger el material que luego iría a servirle para su teoría sobre la grandeza y decadencia de las naciones.

A la edad de 20 años comenzó su carrera política en la Cancillería del soberano hafsí Ibn Tafrakin con el cargo de Kātib al-‘Alāmah, el cual consistía en escribir en una refinada caligrafía las típicas notas introductorias a los documentos oficiales. Ese mismo año, Abu Ziad, el sultán de Constantina marchó sobre Túnez y derrotó a Ibn Tafrakin. Ibn Jaldún, infeliz con tamaña suerte, siguió a su maestro al-Abili a Fes (Marruecos). Allí, el sultán meriní Abu Inan Faris (1348-1358) le otorgó una posición como calígrafo de proclamaciones reales. Sin embargo, en 1357 una desavenencia en la corte provocó que Ibn Jaldún (que por entonces tenía 25 años) fuese condenado con una larga sentencia en prisión. A la muerte de Abu Inan en 1358, su visir al-Hasan Ibn Umar lo liberó (luego de 22 aciagos meses en las mazmorras) y lo reinstaló con su cargo y honores en la administración de los Banu Marin (Meriníes).

Completamente insertado en el campo político, Ibn Jaldún conspiró contra el sucesor de Abu Inan, Muhammad II as-Said, con su tío exiliado, Abu Salim. Cuando Abu Salim tomó el poder le dio a Ibn Jaldún una posición ministerial, la primera que colmó las expectativas del noble tunecino.

Paradójicamente, después de la caída de Abu Salim (1359-1361), Abu Umar Tashfín, amigo de Ibn Jaldún desde hacía cierto tiempo, no le reconoció sus valores y tampoco le distinguió con cargo alguno. Al mismo tiempo, el ingrato reyezuelo le previno de no acudir a ningún tipo de alianza con los Abd al-Wadids de Tlemcén. Por esa razón, Ibn Jaldún creyó prudente cruzar el mar e irse a Granada.

Ibn Jaldún había rendido ya servicios al sultán nazarí, por lo que éste lo recibió fastuosamente enviándolo luego como emisario pacífico a ver al rey castellano Pedro el Cruel. Este fue el primero y único contacto directo del historiador con la Europa cristiana. Además, gracias a este viaje, Abd ar-Rahmán pudo visitar Sevilla, cuna de sus antepasados. Pero en 1365 estaba de vuelta en África del Norte, en Bugía, como primer ministro del sultán hafsí Abu Abdallãh. Éste había sido su compañero de prisión en Fes y lo recibió muy cordialmente.

Los nueve años que siguieron fueron, sin duda, los más inciertos en su azarosa carrera. En el complicado caos político de los reinos norteafricanos no resultaba fácil encontrarse siempre del buen lado. Constantemente se requerían sus servicios como juez, como funcionario y como político. Las exigencias de los príncipes y las intrigas de los rivales que sospechaban de él frustraban todos sus esfuerzos por tener un poco de paz, por gozar de un poco de contemplación.

Durante este período Ibn Jaldún llevó a cabo una aventurera misión para cobrar impuestos de las tribus beréberes locales que además le sirvió de mucho para sus estudios sociales.

Después de la muerte de Abu Abdallah en 1366, Ibn Jaldún cambió varias veces de lado con el nuevo gobernante de Tlemcén, Abu-l Abbãs. Años más tarde, éste fue tomado prisionero por Abd al-Aziz quien derrotó al sultán de Tlemcén y se hizo dueño del trono. Ibn Jaldún optó por entonces ingresar en una cofradía sufí y permanecer en una especie de retiro espiritual hasta que en 1370 fue llamado por Abd al-Aziz.

Después de la muerte de Abd al-Aziz, Ibn Jaldún residió en Fes disfrutando del patronazgo y confidencias de la corte meriní. Fue entonces cuando sucedió una noche entre Mayo-Junio de 1375 el trágico episodio durante el cual fue estrangulado su íntimo amigo Ibn al-Jatib (1313-1375). El eminente polígrafo y ex canciller del sultanato de Granada había caído en desgracia con el sultán Muhammad V y había sido obligado a solicitar refugio en la corte meriní donde fue traicionado por su anfitrión. Ibn Jaldún deplora así la muerte de su amigo y colega: «... Ibn al-Jatib, que murió recientemente en martirio, víctima de sus adversarios».

Ese mismo año, luego de haber abandonado intempestivamente Fes (hoy Marruecos), fue enviado por Abu Hammu, el sultán Abd al-Wadid de Tlemcén (hoy Argelia) para una misión entre las tribus Dawadida, Ibn Jaldún bastante preocupado por los trágicos avatares de la vida política, y particularmente por la muerte de Ibn al-Jatib, decidió refugiarse en el seno de una tribu bereber, los Awlad Arif de Argelia central, en la localidad de Qalat Ibn Salama (en el sudoeste de Frendah, 46 kms. al oeste de Tiaret, Orán).

Allí pasó más de tres años rodeado de paz, de comodidades y de soledad, gracias a los cuales comenzó a escribir la primer aparte de su gran historia universal.

«Completé la introducción —dice Ibn Jaldún— con el extraordinario ánimo que me inspiraba aquel retiro. Las palabras y las ideas brotaban en mi cerebro con la misma fluidez con que cae la crema en una mantequera».

Luego le llevó tres años más el completar su inmensa obra, que retocó y se pasó poniendo al día durante largo tiempo. En la Muqaddimah, o Prolegómenos —que seguramente son su título mayor a una fama duradera— el autor establece la primera teoría realista de la historia. Del volumen II al VII se ocupa de los sucesos registrados en el mundo preislámico y de la civilización musulmana y árabe oriental. En el volumen VIII y en el IX trata del Occidente musulmán. Como Ibn Jaldún fue testigo presencial de los hechos que refiere, estos documentos se consideran todavía hoy la fuente más auténtica de la historia bereber y del norte africano.

En 1378 Ibn Jaldún volvió a su Túnez natal que por entonces estaba en las manos de Abu l-Abbãs Ahmad II, el otrora gobernante de Tlemcén que volvió a tomar a Ibn Jaldún en su servicio. Las relaciones de Ibn Jaldún con su antiguo empleador no fueron nada felices, especialmente después de que Ibn Jaldún le presentó al soberano una copia de su obra completa que omitía el habitual panegírico con que se honraba al príncipe de turno. Con la excusa de realizar la santa peregrinación a La Meca —algo que no podía ser negado a ningún musulmán— Ibn Jaldún abandonó para siempre su querida Túnez.

El 24 de Octubre de 1382, el escritor se embarcaba rumbo a Alejandría sin su esposa e hijos, que quedaban atrás, quizás como rehenes para forzarlo a volver. A partir de entonces, sus únicos contactos con el Occidente islámico fueron por carta y a través de los viajeros que llegaban o partían del y hacia el Magreb. Llegar a la antigua capital de los Tolomeos le llevó cuarenta días debido a las fuertes tormentas que obligaron al navío a recalar en distintos puntos de la costa africana. Pocas semanas después se dirigía a El Cairo, donde, salvo alguno que otro viaje al este —dentro del mundo musulmán— permaneció el resto de su vida.

Egipto, gobernado por la dinastía de los mamelucos circasianos (3) era por aquel entonces la parte más estable y próspera del Islam. A Ibn Jaldún lo maravilló la belleza de El Cairo, cuyos colegios, mezquitas, calles repletas de gente y jardines le parecían otros tantos rincones del paraíso. Poco después de su llegada dictaba conferencias en la Universidad del Azhar y, en

1384 cuanto se produjo una vacante, el sultán al-Malik udh-Dhahir Barquq lo nombró profesor de jurisprudencia maliki en la Madrasa Qamhiyyah.

No pasó mucho tiempo sin que se lo designara jefe de los jueces malikíes de Egipto(4). Una vez más, pese a las adversidades y sinsabores, se encontraba Abd al-Rahmãn Ibn Jaldún en una situación de prestigio e influencia.

Sin embargo ese año de 1384 traería una gran fatalidad a Ibn Jaldún. Su esposa e hijos que finalmente habían podido salir de Túnez para reunirse con él murieron en la travesía al naufragar el barco que los traía en las afueras de Alejandría.

En 1387 emprendió por fin el viaje a La Meca, travesía de la que debía regresar en mayo de 1388 para ser objeto de nuevos nombramientos académicos y nuevos honores.

En 1399 murió Barquq, a quien sucedió, a los diez años de edad, su hijo Faraÿ apodado an-Nasir. Ibn Jaldún, como uno de los cuatro jueces principales de Egipto que era, acompañó oficialmente al príncipe niño a Damasco, visitando a la vuelta, en calidad de peregrino, Jerusalén, Belén y otras ciudades santas, tanto cristianas como musulmanas, lo cual no puede extrañar a nadie si se piensa que los musulmanes consideran a Jesús, el hijo de María, como un Profeta de Dios.

En el otoño boreal de 1400 Timur —mejor conocido por el nombre de Tamerlán y bien llamado "el príncipe de la destrucción" (5)— amenazaba con sus crueles hordas a Siria. En octubre conquistaba Alepo y su poderoso ejército comenzó avanzar hacia Damasco. Contra su deseo, Ibn Jaldún tuvo que acompañar otra vez a Faraÿ. como juez y consejero, en una expedición que tenía por fin el de liberar a la capital de Ash-Sham del azote turco-mongol. Un cronista contemporáneo, Al-Qalqashandi (6) describe despectivamente esta fuerza llamándola "ejército sin general y general sin ejército".

En los alrededores de Damasco tuvieron lugar varios encuentros no decisivos entre ambas fuerzas, pero en la primera semana de 1401 llegaron allí noticias que una revuelta amenazaba estallar en Egipto de un momento a otro. Faraÿ regresó a su palacio, dejando en Damasco a Ibn Jaldún y la mayor parte del séquito que lo acompañaba para que defendieran y salvaran la ciudad... si podían. Pero contra la opinión de los militares mamelucos, los habitantes de la ciudad se pusieron de acuerdo con las autoridades civiles para rendirse.

Tamerlán, muy bien informado por sus espías, supo que Ibn Jaldún estaba en Damasco y expresó el deseo de verlo, de modo que lo bajaron en secreto, atado a unas cuerdas, por las murallas de la ciudad, y lo condujeron a presencia del conquistador.

Hasta fines de la década de 1940, las únicas fuentes autorizadas de tan fabulosa entrevista fueron algunos historiadores musulmanes del siglo XV, que evidentemente adornaron a su gusto los pocos datos de que disponían. En todos los manuscritos conocidos la autobiografía de Ibn Jaldún se detenía en 1395. Pero a partir de 1946 se encontraron en Estambul y en El Cairo tres copias de un nuevo manuscrito, la más importante de las cuales contiene notas del propio Ibn Jaldún; y en ese manuscrito, analizado y comentado oportunamente por el arabista Walter Joseph Fischel (7), el relato de su vida se detiene pocos meses antes de la muerte de éste.

Al tener lugar las conversaciones de Tamerlán e Ibn Jaldún, en los meses de enero y febrero de 1401, Ibn Jaldún tenía cerca de setenta años, y Tamerlán una edad similar. Los que lo conocieron dicen que Ibn Jaldún, hombre bien parecido, tenía una personalidad atractiva; la rapidez con que obtuvo favor y honores dondequiera que se dirigió confirma esta especie. Tamerlán, según al-Suyuti (8), «era alto, fornido y de frente despejada. Tenía la piel rojiza, los hombros anchos, gruesos los dedos de las manos, y llevaba una barba larga y sedosa. Una de sus manos estaba paralizada, a además era rengo de la pierna derecha. La muerte no le atemorizó nunca. Con sus ojos brillantes y su voz de trueno, llegó a los ochenta años en plena posesión de sus sentidos y su vigor». Pero a diferencia de Ibn Jaldún, Tamerlán poseía un aspecto horrible: sus rasgos eran sumamente feos (9).

En suma: dos hombres de la misma talla, que no perdieron tiempo en medirse mutuamente. Aunque Ibn Jaldún, como historiador, le intrigaba la figura de un conquistador tan célebre como Tamerlán, su preocupación principal al verlo era la de liberarse, liberar también a sus colegas y regresar a Egipto, ya que no le seducía la idea de pasar al servicio de otro déspota (ya había conocido a bastantes de todo calibre en su pasado norteafricano).

Por otra parte, Tamerlán sabía que Ibn Jaldún era uno de los principales expertos sobre el Magreb, es decir, el occidente islámico, que se extendía desde Libia hasta Granada, y, por razones militares, quería a toda costa emplearlo en sus servicios de espionaje.

Pero dejemos a Ibn Jaldún relatarnos el encuentro con sus propias palabras:

«Lo encontré reclinado en un almohadón. Sus esclavos le presentaban bandejas con diversos platos que fue enviando, uno tras otro, a los grupos de mongoles sentados en círculo frente a la tienda. Yo fui el primero en hablar: "La paz sea contigo", dije, con gesto de humildad. Tamerlán levantó la cabeza y me dio la mano a besar. Luego hizo un gesto invitándome a sentarme, cosa que hice en el mismo sitio en que me encontraba. Enseguida el guerrero llamó a un erudito jurídico hanafi de su séquito para que nos sirviera de intérprete».

Tamerlán, que no se andaba con vueltas, hizo a Ibn Jaldún preguntas directas sobre el Magreb, que su interlocutor supo esquivar hábilmente. Los dos pasaron cierto tiempo entregados a esta esgrima verbal, hasta que Tamerlán se cansó y dijo:

«Esto no me satisface. Quiero que me escribas una descripción de todo el Magreb, sin omitir detalle, y poniendo tanta vida que le parezca a uno que lo está viendo».

Los criados trajeron tazas de rishta —especie de sopa de macarrones— que Ibn Jaldún elogió a más no poder. Todo parecía marchar a las mil maravillas... si no hubiera sido por el silencio que guardaban los dos hombres. Por su parte, Ibn Jaldún pensaba qué castigo le caería sobre la cabeza si cometía un error.

En ese momento se anunció que las puertas de la ciudad se habían abierto para dar paso a las autoridades civiles de Damasco, que se rendían. Tamerlán y su séquito, en medio de un escándalo de bronces, se dirigieron a Damasco. Ibn Jaldún, mientras tanto, se retiró a escribir su informe sobre el Magreb. Pese a que alrededor suyo el ejército del conquistador saqueaba e incendiaba la ciudad, nadie lo molestó.

Una vez terminado su trabajo, Ibn Jaldún lo entregó a Tamerlán, que le dispensó múltiples muestras de respeto pidiéndole su parecer en ciertas cuestiones legales, por ejemplo. Pero así y todo el problema vital —el de saber cuándo podría el erudito volver a su país para proseguir sus estudios y tareas— quedaba sin abordar. Ibn Jaldún se convenció que sólo un ardid posibilitaría su retorno al país del Nilo. Así que esperó pacientemente la oportunidad que, sin lugar a dudas, sería una sola.

Un día Tamerlán le confesó con una amplia y pícara sonrisa que le podría gustar mucho que trabajara a su servicio y que fuera junto con él a conquistar los países de occidente. Ibn Jaldún vio venir su día y entonces, apelando a toda su diplomacia y astucia aprendida durante décadas de política en el Magreb le contestó con las palabras más elegantes y hábiles que tal vez nunca había pronunciado antes de manera tan taimada: «Con el mayor de los placeres, oh conquistador más prestigioso que Iskandar (Alejandro el Grande), más astuto que Aníbal el cartaginés, más fulminante que Genghis Jan...», etc. Las alabanzas y adulaciones fueran tantas y tan exquisitamente expuestas que Tamerlán tuvo un empacho de egoísmo.

Extasiado por aquellos elogios, le solicitó a Ibn Jaldún que éste le pidiese lo que quisiera que él se lo concedería al instante (riquezas, mujeres, palacios, etc.). Ibn Jaldún le dijo que sólo le apetecía volver a El Cairo por unos pocos días para recoger sus pertenencias y regresar "para pasar los últimos años de su vida a su augusta sombra..." Tamerlán, vanagloriado como estaba, aceptó sin vacilar e incluso ordenó una escolta para que acompañase al historiador hasta las líneas mamelucas.

Fue así como mediante esta hábil estratagema Ibn Jaldún salió por la puerta grande y se desembarazó de las garras del más feroz conquistador que conoció el Oriente bajomedieval.

Ni bien vuelto a Egipto, Ibn Jaldún escribió al Magreb hablando de la información que se había visto forzado a dar. Para disminuir los posibles malos efectos de tal revelación, transmitía al mismo tiempo todos los datos útiles que recogiera sobre Tamerlán. Pero este no llegó nunca a atacar al África del Norte.

Para Tamerlán la incursión sobre Damasco de ninguna manera era el comienzo de una invasión sobre el Egipto mameluco. Era simplemente una operación para cuidar su flanco izquierdo en su ofensiva contra el sultán otomano Bayaceto I a quien derrotó y capturó en la batalla de Ankara el 28 de julio de 1402. Seguramente tenía sus planes para Egipto y el Magreb pero no le quedó vida para llevarlos a cabo. Gracias a Dios.

Ibn Jaldún pasó el resto de sus días estudiando, escribiendo y ocupándose de sus deberes oficiales, y murió el 17 de marzo de 1406. Se sabe que fue enterrado en el cementerio de Sufi, en los alrededores de El Cairo, pero no dónde está su tumba.

En los siglos que siguieron, la influencia de las enseñanzas de Ibn Jaldún fue acrecentándose rápidamente pese a que su nombre, fuera del mundo islámico, no se volvió a mencionar hasta fines del siglo XVI.

Sabemos que Ibn Jaldún fue el primero en considerar a la historia, no como una crónica de sucesos más o menos fortuitos, sino como un movimiento continuo, colectivo y orgánico que rigen leyes secretas, pero susceptibles de descubrirse. Y yendo más allá todavía, este escritor calificó a la historia de ciencia de la civilización, comprendiendo que sólo el estudio de la humanidad y de sus innumerables actividades puede revelar el verdadero significado de los llamados "acontecimientos históricos", para que su estudio sirva de guía práctica a los estadistas.

La Muqaddimah

La metodología de estudio y análisis de Ibn Jaldún era empírica y se sustentaba en la contradicción entre los pobladores de las ciudades y de las zonas rurales, porque los primeros demostraban menos “espíritu de cuerpo” (asabiyya en árabe) y estaban inclinados al lujo y a un lenguaje obsceno e individualista. Distinguía los “astutos” —a los que el sociólogo francés Vilfred Pareto (1848-1923) llamaría los “zorros”— de los “leones”, en la terminología de Pareto. Se anticipó al italiano Giambattista Vico (1668-1744) como “filósofo de la historia” y en separar la política de la ética. Consideraba, como Aristóteles, “que el hombre es por naturaleza un ser social”.

La Muqaddimah fue redescubierta por los eruditos franceses Barthèlemy d’Herbelot (1625-1695), Antoine Isaac Barón Sylvestre de Sacy (1758-1838) y el austriaco Josef von Hammer-Purgstall (1774-1856), antes que otro galo, el académico Etienne-Marc Quatremère (1782-1857), hiciera la primera traducción completa en 1858.

El barón irlandés William McGuckin de Slane (ca.1801-1875) realizó una traducción que aún no ha sido superada (París, 1863-1868) y que respeta el estilo y las intenciones semánticas del autor tunecino mucho más que las recientes del islamólogo francés convertido al Islam Vincent Mansour Monteil (Ibn Khaldun: Discours sur l’histoire universelle, 3 vols., Beirut-París, 1967-1968) y de Franz Rosenthal en inglés (Ibn Khaldun: The Muqaddimah, an introduction to History, 3 vols., Princeton, 1958 y 1967).

En una parte de su obra, Ibn Jaldún expresa este elaborado pensamiento: «La norma observable para discernir en los relatos lo verdadero de lo falso se fundamenta en la apreciación de lo posible y de lo imposible, y consiste en examinar la sociedad humana, es decir, la civilización; distinguir, por un lado, lo que es inherente a su esencia y a su naturaleza y, por otro, lo que es accidental y no debe tomarse en cuenta, reconociendo asimismo lo inadmisible».

No hay que extrañarse de que tan ilustre historiador contemporáneo como Arnold J. Toynbee cite a este árabe del siglo XIV como elemento de inspiración de su monumental obra y salude en él al fundador de la historia como ciencia.

Nueva reedición castellana

El libro de Ibn Jaldún “Introducción a la historia universal, Al-Muqaddimah”. Traducción de Juan Feres. Estudio preliminar, revisión y apéndices de Elías Trabulse, con 1.166 páginas, ha sido reeditado especialmente por cuarta vez por el Fondo de Cultura Económica de México para conmemorar el aniversario del sexto centenario del fallecimiento del ilustre historiador y sociólogo musulmán. Las anteriores ediciones se realizaron en 1977, 1987 y 1997.

Ibn Jaldún y los especialistas

Relacionado con diversos poderes políticos, Ibn Jaldún fue testigo excepcional de una época cambiante, que estuvo marcada por grandes acontecimientos decisivos en la Historia de la Humanidad: el nacimiento de nuevos Estados, la agonía de al-Ándalus y el avance de los castellano-aragoneses, la Guerra de los Cien Años, la expansión de los pueblos turcos islamizados, el ocaso bizantino, la gran epidemia de Peste Negra (bubónica), etc...

Las referencias admirativas sobre Ibn Jaldún proceden de pensadores de diversos tiempos y lugares. Los grandes intelectuales modernos y contemporáneos que han conocido la obra de Ibn Jaldún son claros en valoraciones:

El jurista judío francés Jean Bodin (1530-1596), en su obra “Los seis libros de la República”, recogió muchos conceptos de Ibn Jaldún para la formulación de su método crítico de la historia: entre ellos el origen del Estado en las luchas entre agricultores y pastores. De igual modo, su teoría sobre los ciclos históricos parece haberse inspirado en las afirmaciones de Ibn Jaldún respecto a los cambios producidos por “evolución por adaptación lenta” (que Bodin llama “alteración”) y la afirmación que Ibn Jaldún hacía respecto a la “evolución por mutación rápida” (a la que Bodin llama cambio). También resulta llamativo el hecho que Bodin destaque —igual que el historiador magrebí— la influencia del “suelo” en las costumbres de los hombres de las ciudades que son mentalmente más móviles que los hombres del campo o de los pueblos agrícolas. Otras semejanzas se dan en la afirmación de que la familia y el lazo de parentesco es anterior a la subordinación política.

Por su parte el político y economista francés Robert Jacques Turgot (1727-1781) en su obra “Discurso sobre la Historia Universal” (1751) expresa que “la lucha es la madre de todas las cosas”, afirmación que coincide con la teoría sobre los ciclos de lucha expuesta por Ibn Jaldún. Asimismo se ha observado que el filósofo alemán Johann Gottfried von Herder (1744-1803), también tomó ideas de Ibn Jaldún respecto a que los montañeses son más belicosos que los habitantes de las llanuras, aplicando la ley del más fuerte.

El sociólogo polaco Ludwig Gumplowicz (1838-1909), uno de los fundadores de la sociología europea, en su libro Sociologische Essays del año 1899, le dedicó a Ibn Jaldún un capítulo que tituló “Un sociólogo árabe del siglo XIV”. Igualmente, el general, filósofo y sociólogo austriaco Gustav Ratzenhofer (1842-1904) y el sociólogo alemán Franz Oppenheimer (1864-1943) le elogiaron también.

El filósofo, historiador y matemático alemán Oswald Spengler (1880-1936) en su obra “La Decadencia de Occidente” y el sociólogo Pitirim Alexandrovitch Sorokin (1889-1968) en “Dinámica Social y Cultural”, reconocen haberse inspirado en las teorías de Ibn Jaldún. Otro tanto reconocieron el político, escritor y filósofo sardo conde Joseph de Maistre (1753-1821) y el sociólogo y filósofo francés Émile Durkheim (1858-1917).

George Marçais (1876-1962), historiador e islamólogo francés, no escatima ponderaciones a la hora de brindar una definición sobre el sabio tunecino: «La obra de Ibn Jadún es una de las más substanciales y más interesantes que haya producido la inteligencia humana».

El filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955), en su voluminosa “El Espectador” (Madrid, 1916-1934), escribe este elogio: «Una mente clara y pulidora de ideas como la de un griego, va a introducirnos en el orbe histórico, donde nuestro espíritu no logra hacer pie. Es Abenjaldún, el filósofo de la historia africana. Los Prolegómenos Históricos de Abenjaldún son un libro clásico que desde hace casi un siglo ha entrado en el haber común... No contento con narrar los hechos del pasado, quiere comprenderlos».

Philip Khuri Hitti (1886-1978), arabista e islamólogo estadounidense de origen cristiano libanés, en su “Historia de los árabes” (Editorial Razón y Fe, Madrid, 1950) acredita que «Ibn Jaldún fue el más grande filósofo e historiador que dio nunca el Islam y uno de los más grandes de todos los tiempos».

El historiador británico Arnold Joseph Toynbee (1889-1975), en “Estudio de la Historia” (Emecé, Buenos Aires, 1959), hace el siguiente reconocimiento: «Ibn Jaldún concibió y formuló una filosofía de la historia que es sin duda el trabajo más grande que jamás haya sido creado por una inteligencia en ningún tiempo y en ningún país».

El arabista e islamólogo británico de origen libanés, Albert Hourani (1915-1993), en “La Historia de los Árabes” (Ediciones B, Barcelona, 2003) dice que «La vida de Ibn Jaldún refleja el mundo al que perteneció. Era un mundo colmado de recordatorios de la fragilidad de los esfuerzos humanos. Su propia carrera reveló cuán inestables eran las alianzas de intereses en que las dinastías se apoyaban para mantener su poder; el encuentro con Timur (Tamerlán) frente a Damasco demostró de qué modo el surgimiento de un nuevo poder podía afectar a la vida de las ciudades y los pueblos».

Ernest Gellner (1925-1995), sociólogo y antropólogo francés, destaca: «En este asombroso pensador del siglo XIV, encontramos ecos y sugerencias de los temas que dominan hoy el pensamiento social europeo».

Su compatriota Yves Lacoste (1929-), geógrafo nacido en Fes (Marruecos), en su importante trabajo “El nacimiento del Tercer Mundo. Ibn Jaldún” (Península, Barcelona, 1985), es sumamente elocuente: «Una obra tan extraordinaria como la de Ibn Jaldún, marca el nacimiento de la Historia como ciencia».

Fabian Estapé (1923-), economista catalán, en Ibn Jaldún o El precursor (Barcelona, 1993) opina sobre la importancia del fenómeno jalduní en la convivencia: «Hoy puedo afirmar que Ibn Jaldún constituye, en estos momentos de recuperación histórica del mundo y del pensamiento musulmán, un nexo de unión entre culturas que han vivido demasiado tiempo de espaldas».

Por último, se puede afirmar sin temor a equivocarse que Ibn Jaldún se anticipa en varios siglos a Karl Marx (1818-1883), en la afirmación que es el medio social y no la herencia “quien condiciona al individuo y los grupos sociales”.

NOTAS

(1) Los Hafsíes (1228-1569) conformaron una dinastía bereber en Tunicia, Argelia oriental y Trípoli (Libia). Su capital principal se constituyó en Túnez. Los Banu Hafs eran una tribu masmuda del Alto Atlas.

(2) Además de los Hafsíes, estaban los Abd al-Wadíes y los Mariníes. Los Abd al-Wadíes, también llamados Zayadíes, fueron una dinastía bereber en Argelia occidental con capital en Tlemcén. Su nombre proviene de los Banu Abd al-Wad, también conocidos como los Banu Zayad., pertenecientes al grupo tribal de los zanata del extremo norte del Sahara, emigrado al norte argelino en el siglo XI. Los Abd al-Wadíes fueron clientes de los almohades quienes les asignaron la gobernación de Tlemcén. Cuando los almohades se derrumbaron, Abu Yahya Yaghmurasan (1236-1283) consiguió la independencia y estableció una rígida estructura estatal. Bajo él y sus sucesores, Tlemcén se convirtió en centro cultural y comercial. Los Abd al-Wadíes se dedicaron a un balanceo político tramposo entre los más poderosos mariníes (Marruecos) y los hafsíes (Argelia oriental y Tunisia) quienes se encargaron de neutralizarlos en varias ocasiones durante los siglos XIII y XIV. Finalmente, los Abd al-Wadíes fueron forzados a aceptar la soberanía de los mariníes. Sin embargo, experimentaron una gran restauración y un apogeo cultural sin precedentes bajo el sapiente Abu Hammu I Musa (1359-1389), antes de sucumbir a la autoridad de los hafsíes. Como resultado de las incursiones militares españolas desde 1510, los abd al-wadíes se ampararon bajo la protección de los otomanos. En 1516/17 Argel y Tlemcén fueron ocupados por el corsario otomano Barbarroja. En 1552-1554 los otomanos finalmente ocuparon Argelia occidental y echaron al último de la casa abd al-wadí. Por su parte, los Mariníes (1244-1465) fueron una dinastía bereber en Marruecos con capital en Fes. Los Banu Marin, castellanizados Benimerines o Mariníes, eran una tribu zanata nómada de la frontera oriental del Sahara, establecida en las regiones del este y el sudeste de Marruecos desde principios del siglo XII. Luego de crecientes tensiones con los almohades reinantes, los mariníes, bajo el liderazgo de los hermanos Abu Yahya Abd al-Haqq (1244-1258) y Abu Yusuf Yaqub (1258-1286) tomaron Meknés (1244), Fez (1248), y otras importantes ciudades de Marruecos. Depusieron al último de los almohades en Marrakesh en 1269 y extendieron su poder hasta convertirse en la más importante fuerza militar del Magreb. En distintas ocasiones lanzaron ataques militares en España. Bajo Abu Yaqub Yusuf (1286-1307) se expandieron hasta Argelia. Los reinados de Abu l-Hasan Alí (1331-1351) y Abu Inan Faris (1351-1358) trajeron un período de éxitos políticos que además permitieron desplazar a los Abd al-Wadíes y ocupar Tlemcén, llegando a regir hasta en Tunicia por un breve tiempo. Un fulminante declive vino a partir de 1358: sultanes niños reinaron entre 1358-1374 y 1393-1458 bajo la tutela de los parientes wattasíes y entre 1374-1393 bajo los nasríes de Granada. El último soberano mariní, Abd al-Haqq (1421-1465), acabó temporalmente con el dominio Wattasí mediante una masacre en 1458 pero murió tiempo después durante un alzamiento popular en Fez. Marruecos cayó entonces en poder de los beréberes Wattasíes (1472-1554).

(3) Los Mamelucos (1250-1517), dinastía turca de militares esclavos en Egipto, Siria e Irak, con capital en El Cairo, constituyeron uno de los sultanatos más poderosos de la historia islámica. De esta casta surgieron dos casas regentes, los bahríes (de bahr, "río", referido al Nilo, pues se entrenaban en la isla nilótica de al-Rawa), de la etnia turca kipchaq, que reinaron entre 1250-1382, y los burÿíes (de burÿ, "torre", ya que originalmente su cuartel estaba coronado por una torre de vigilancia), de origen circasiano o cherkés (procedentes del Cáucaso), en el poder entre 1382-1517.

(4) El estado teocrático mameluco estaba regido por los jueces supremos musulmanes (Qadi al-Qudat Madhab) de las cuatro escuelas de pensamiento sunníes: shafii, maliki, hanafi y hanbali. Con éstos magistrados colaboraban distintos funcionarios: el inspector general de pesos y medidas y de la moral y el orden público (Muhtasib), el Sheij responsable de los hospitales y monasterios de las órdenes sufíes, los Imames de las mezquitas y los predicadores y los Alfaquíes (Fuqaha), jurisperitos.

(5) Tamerlán (del persa Timür-i lang), Tamorlán, Timur Lang, Timur Lenk o simplemente Timur el Cojo (más correctamente, Temür, su nombre turco de acuerdo con la grafía moderna) fue un conquistador, líder militar y político turco-mongol, el último de los grandes conquistadores nómadas del Asia Central. Se le da por nacido en Kesh, Transoxiana, Asia Central, el 8 de abril de 1336 (25 Shabān, 736) aunque fecha y lugar son casi con certeza inventados y su nacimiento debería ubicarse entre finales de la década de 1320 y comienzos de la de 1330. Muerto en Otrar, en camino a conquistar China, el atardecer del 17 de febrero de 1405 (17 Shabān, 807). Este caudillo de origen turco (aparentemente convertido al Islam, muy probablemente por razones políticas de coyuntura) conquistó enormes extensiones de Eurasia en poco más de dos décadas. Entre 1382 y 1405 sus grandes ejércitos atravesaron desde Delhi a Moscú, desde la cordillera T’ian Shan del Asia Central hasta los Montes Tauros de Anatolia, conquistando y reconquistando, arrasando algunas ciudades y perdonando a otras. Su fama se extendió por Europa, donde durante siglos fue una figura novelesca y de terror, mientras que para aquellos involucrados más directamente en su trayectoria su memoria, siete siglos después, permanece aún fresca, ya sea como destructor de ciudades del Medio Oriente o como el último gran representante del poder nómade.

(6) Al-Qalqashandi (1335-1418) fue canciller de los mamelucos, conocido con el título de «Secretario del secreto» (kãtib al-sirr). Su obra enciclopédica la terminó en 1412, a la edad de setenta y siete años. El nombre que le dio, un tanto extraño debido a las exigencias de estilo de la época, en la que los títulos debían tener una rima elegante, encierra una metáfora relativa a la búsqueda de la luz y la inspiración literaria: «La mañana del hemeralope en las artes de la redacción» (Subh al-a’sha fi sina’at al-insha’). Esta contiene una información valiosísima, muy precisa y detallada, sobre la historia y la civilización islámica en el Egipto y la Siria de los siglos IX a XV. Fue publicada en 14 volúmenes en El Cairo, entre 1913 y 1919. Al-Qalqashandi, al igual que sus pares antes citados, demuestra tener una cultura y unas informaciones históricas, geográficas y científicas considerables, producto del riquísimo universo mameluco, tan poco estudiado hasta el presente.

(7) Walter Joseph Fischel (1902-1973) fue un erudito judío especializado en civilización islámica y tradiciones judeo-orientales Nacido en Frankfurt am Main (Alemania) se doctoró en ciencia política en la Universidad de Giessen. En 1926 se trasladó a Jerusalén donde logró un cargo académico en la Universidad Hebrea en la Facultad de Estudios Orientales. En 1945 emigró a EE.UU. estableciéndose en la Universidad de California en Berkeley como profesor de Lenguas y Literaturas Semíticas hasta su retiro en 1970. Luego continuó una cátedra de estudios judaicos en la Universidad de California en hasta su muerte. Sus trabajos y estudios sobre Ibn Jaldún y Tamerlán son los más completos hasta la fecha: "Ibn Khaldun and Timur" in Actes du XXI’ Congres International des Orientalistes. París, 1949. Cf. pp. 286-87; "Ibn Khaldun and Timur" en Bulletin des etudes arabes (Algiers), 1950, no. 47, p. 61; "Ibn Khaldun's Activities in Mamluk Egypt (1382­1406)" en Semitic and Oriental Studies Presented to William Popper. Berkeley y Los Ángeles, 1951. Cf. pp. 102-24; Ibn Khaldun and Tamerlane: Their Historic Meeting in Damascus, A.D. 1401 (803 A.H.). A study based on Arabic Manuscripts of Ibn Khaldun’s "Autobiography", with a translation into English, and a commentary. Berkeley y Los Ángeles, 1952: "The Biography of Ibn Khaldun" en Yearbook: The American Philosophical Society, 1953. Filadelfia, 1954. Cf. pp. 240­41; "Ibn Khaldun’s Use of Jewish and Christian Sources" in Proceedings of the 23rd International Congress of Orientalists. Cambridge, 1954. Cf. pp. 332-33; "Ibn Khaldun and Josippon" in Homenaje a Millas-Vallicrosa. Barcelona, 1954-1956. 2 vols. Cf. I, 587-98; "Ibn Khaldun’s ‘Autobiography’ in the Light of External Arabic Sources" en Studi orientalistici in onore di Giorgio Levi Della Vida. Roma, 1956. 2 vols. Cf. 1, 287-308; "Ibn Khaldun’s Sources for the History of Jenghiz Khan and the Tatars", Journal of the American Oriental Society (Baltimore), Lxxvl (1956), 91-99; "Ibn Khaldun: On the Bible, Judaism and Jews" en Ignaz Goldziher Memorial Volume. Budapest, 1948; Jerusalem, 1956. Cf. 11, 147-71; "A New Latin Source on Tamerlane’s Conquest of Damascus (1400/1401)": B. de Mignanelli's Vita Tamerlani (1416), Translated into English with an Introduction and a Commentary, Oriens (Leiden), Ix (1956), 201-232.

(8) Ÿalaluddín Abu-l Fadl Abdurrahman al-Assuiuti, más conocido por la fonética de al-Suyuti (1445-1505), era oriundo de una familia persa establecida desde hacía más de tres siglos en Assuiut, en el Alto Egipto. Afamado polígrafo y enciclopedista, es autor de trescientos quince escritos sobre la Tradición del Profeta (Sunna), Narraciones y dichos (Ahadiz), jurisprudencia (fiqh), lingüística, ciencias, historia y literatura. Su «Historia de los Califas» (Tarij al-Julafã) fue muy admirada por sus valiosos detalles (publicada por al-Sa’ada, El Cairo, 1959). Se extiende desde Abu Bakr hasta el año 1497. Su «Historia de Egipto y de El Cairo», llamada en árabe Husn al-Muhadara, es una compilación de veintiocho obras históricas. Su Taqrir al-istihad fi tafsir al-iÿtihãd fue publicado por Dar al-Dawah, El Cairo, 1983.

(9) Se cuenta que un día Tamerlán vio su rostro por primera vez en un espejo y al verse tan mal parecido prorrumpió en un fuerte llanto. Su bufón que estaba a su lado casi inmediatamente emitió un alarido aún más fuerte. Entonces Tamerlán se dirigió al cómico y le preguntó: «—¿Por qué lloras más fuerte que yo?». Le contestó el bufón: «—Imagínate amo, tú lloras por haberte visto sólo una vez. Pero yo lloro por tener que verte muchas veces todos los días». Se ignora la suerte corrida por el histrión después de semejante rapto de sinceridad.
*

28.1.08

Los precios según Ibn Jaldun

SOBRE LOS PRECIOS (DE ARTÍCULOS Y MERCANCÍAS) EN LAS CIUDADES

En los mercados se encuentran las cosas que son necesarias para los hombres; en primer lugar, las que les son indispensables y que sirven para la alimentación, como el trigo y los demás productos análogos, tales como legumbres, garbanzo, guisantes verdes y otros granos alimenticios, así como las plantas empleadas como sazonamiento, tales como la cebolla, el ajo y otras hierbas del mismo género. Asimismo se encuentran las cosas de necesidad secundaria y superfluas, tales como los condimentos, las frutas, las vestimentas, los utensilios de menaje, los arneses, los productos de diversas artes y los materiales de construcción.

Si la ciudad es grande y encierra numerosa población, los artículos alimenticios de primera necesidad, y todo lo que se entiende dentro de esta categoría, son baratos; pero los superfluos, tales como los condimentos, las frutas y demás cosas similares, son caros. Lo contrario ocurre en las ciudades de pocos habitantes y de escaso progreso. He aquí la razón: los cereales son indispensables para la alimentación del hombre: por tanto sobran los motivos para que cada quien trate de abastecerse de ellos; nadie dejaría su casa sin un aprovisionamiento suficiente para un mes o un año, pues la mayor parte de las gentes, si no la totalidad, se ocupan de la provisión de cereales, tanto los citadinos como los que residen en las cercanías. Norma invariable. Además, cada jefe de familia se hace de provisiones que exceden generalmente de sus necesidades, excedente que bastaría a un buen número de habitantes de esa ciudad. De tal suerte la existencia en dichos granos alimenticios supera a la exigencia de la población; y por consiguiente baja su precio en el mercado, excepto en algunos años en que las influencias atmosféricas perjudican a su producción. Ahora si los habitantes, con el temor de una tal desdicha, no acaparan a tiempo esos cereales, se brindarían graciosamente y sin compensación, debido a su gran abundancia por el crecido número de la población.

En cuanto a los demás artículos, como condimentos, frutas y otras cosas por el estilo, cuya necesidad no es tan común y cuya producción no requiere el trabajo de toda la población, ni siquiera de la mayor parte. Sin embargo en una ciudad de considerable desarrollo social, de bastantes exigencias del lujo, habrá suficientes motivos para que estos artículos tengan mucha demanda y cada quien procure proveerse de ellos tanto como sus medios le permitieran. La cantidad que de ellos exista en la ciudad se vuelve completamente insuficiente; los compradores se hacen numerosos y esas cosas, de por sí limitadas, se escasean totalmente. Entonces los interesados se aglomeran, luchan porfiadamente por lograrlas, y los opulentos, teniendo más menester de ellas que el resto de la población, las pagan a excesivos precios. De ahí la causa de su encarecimiento.

Por cuanto respecta a las artes, el encarecimiento de sus productos en las ciudades muy pobladas, estriba en tres razones:

1ª. la crecida demanda, a consecuencia del lujo que allí prevalece y que es siempre en relación con la importancia del desarrollo social;

2º. las altas pretensiones de los obreros, que no quieren trabajar ni fatigarse mientras que la abundancia de los artículos alimenticios que existen en la ciudad les permite mantenerse con poco costo;

3º. el gran número de individuos que viven en la abundancia y que, teniendo menester de que otros trabajen para ellos, toman a sus servicios a gentes de diversos oficios.

Por estos motivos, los artesanos reciben mayores salarios que el valor real de sus labores; se lucha a porfía con los competidores, a fin de apropiarse de los productos del trabajo, y de ahí resulta que los obreros y los artesanos se vuelven muy exigentes y ponen un alto precio a sus servicios. Esto absorbe una gran parte de los recursos que poseen los habitantes de la ciudad.

En las pequeñas ciudades, de poca población, los artículos alimenticios son escasos, debido al poco trabajo y al temor a la carestía, cosa que induce a los habitantes a acaparar todos los granos que puedan alcanzar. Lo cual conduce a la carencia de los granos (en el mercado) y a la subida de su precio para los que desean comprarlos. En cuanto a los artículos de necesidad secundaria, su demanda es bien exigua, dado el corto número de los habitantes y sus raquíticos medios; por eso dichos artículos son muy poco buscados entre ellos y se venden bien baratos.

Por otra parte, los comerciantes, al fijar los precios a los granos, toman en cuenta los derechos e impuestos que se les asigna en los mercados y en las puertas de la localidad, a nombre del sultán; tampoco olvidan la contribución impuesta por los receptores sobre todos los efectos vendibles. Por ello los precios son más elevados en las ciudades que en los campos, donde los impuestos y demás derechos son insignificantes o no existen. Todo lo contrario en las ciudades (los impuestos son numerosos y pesados), particularmente en la época en que la dinastía reinante se inclina hacia su ocaso.

Además, al establecer los precios de los artículos alimenticios, se incluyen inevitablemente los cuidados especiales que pueda exigir la labranza: tal ocurre actualmente en España. La población musulmana de ese país, al dejarse arrebatar sus buenas tierras y sus fértiles provincias por los cristianos, se vio empujada al litoral y reducida a las comarcas más accidentadas, impropias para la agricultura y poco favorables a la vegetación. De ese modo se encuentra obligada a preparar minuciosamente estas tierras para el cultivo, a fin de obtener algunas cosechas regulares. Los trabajos de esta índole ocasionan fuertes gastos y requieren el empleo de diversos accesorios de los cuales algunos, como el abono, por ejemplo, son bastante costosos. Por tanto los gastos de labranza son muy elevados entre los musulmanes de España y cuentan necesariamente en el precio de venta. De ahí la carestía que reina en esa parte del territorio español, desde que los cristianos forzaron a dicha población a retroceder hacia el litoral.

Cuando los hombres hablan de la elevación de precios en España, la atribuyen a la escasez de víveres y cereales; pero se equivocan, porque, de todos los pueblos del mundo, los españoles son los más industriosos y los más hábiles. Toda la gente entre ellos, desde el sultán hasta el hombre del pueblo, poseen una finca rústica o una fanega que explotan. Las únicas excepciones son los artesanos, los profesionales y los hombres venidos al país con la intención de hacer la guerra santa. El sultán asigna incluso a estos voluntarios, a título de sueldo y manutención, unas tierras que pudieran proporcionarles la subsistencia, a ellos y a sus caballos. Pero la verdadera causa de la carestía de los granos en el medio ambiente de los muslimes españoles es aquella que acabamos de señalar. Todo lo opuesto son las circunstancias en el país de los bereberes: la vegetación bien frondosa, el suelo fértil y no exige ningún apresto dispendioso; las tierras cultivadas muy extensas y toda la gente posee su porción. De ahí resulta que los víveres son baratos en esta región. Y Dios determina las noches y los días.

Nota histórica de la Sociología

Un aceptable esbozo tomado de wikipedia:

http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_la_Sociolog%C3%ADa

Ubica a Herodoto e Ibn Jaldún como los primeros sociólogos.

La Sociología es una ciencia social relativamente nueva, que apareció a mediados del siglo XIX. Fue Auguste Comte quién acuñó el término en 1838 en su Curso de Filosofía positiva. Pero no fue hasta mediados del siglo XIX que se consolidó con una ciencia autónoma. A partir de mediados del siglo XX ya se puede hablar de varias escuelas o corrientes más o menos dominantes. En la actualidad existe una gran diversidad de autores y perspectivas que enriquecen a la sociología, así como esfuerzos para integrar las diversas corrientes.

Prehistoria de la sociología y precursores

Si bien Auguste Comte es llamado "padre de la sociología", los estudios de carácter sociológico se habían desarrollado mucho antes de que Comte acuñara el término o incluso de que se delimitara su propio campo de estudio. Durante muchos siglos pensadores de muchas partes del mundo intentaron dar explicaciones acerca del funcionamiento de la sociedad. Por ejemplo, Herodoto en el siglo V ad C. se interesó en civilización Egipcia; Ibn Jaldún(llamado así el primer sociologo) hizo lo mismo pero describiendo a las sociedades del Magreb, teorías sobre la sociedad y acuñó el termino 'Ilm al Umran' para denominar a la ciencia de la sociedad.

Durante la Ilustración lo social y las actividades del hombre cobran gran interés. Escritores como Voltaire, Montesquieu, Giambattista Vico y otros se interesan por analizar las instituciones sociales y políticas europeas. También surge una corriente conservadora, critica de muchas de las premisas de la Ilustración, muy interesada en saber las razones de los cambios y estabilidad existentes en la sociedad tales como Joseph de Maistre y Edmund Burke.

La voluntad de crear una "física social", es decir un conocimiento indiscutible de la sociedad de la misma forma que la Física, apareció con el positivismo del siglo XIX. El primero en defender una teoría e investigación científica de los fenómenos sociales fue Henri de Saint-Simon (1760-1825) a mediados del siglo XIX. Auguste Comte, quien fue secretario de Saint-Simon entre 1817 y 1823, desarrolló sus teorías sociológicas bajo la premisas del positivismo. Influido por éste, Comte desarrolló un concepto de sociología en donde la consideraba un pilar para el progreso humano.

También se le reconoce como a uno de los precursores de la sociología a Alexis de Tocqueville (1805-1859), por sus estudios sobre la revolución francesa y sobre los Estados Unidos. Analizó a las sociedades en general e hizo una comparación entre las sociedades americanas y las sociedades europeas.

La Sociología Clásica y la institucionalización francesa y alemana

La sociología nace en plena revolución industrial; los clásicos de la sociología retoman muchos elementos de esas transformaciones, preocupándose por preguntarse sobre los efectos positivos y ante todo negativos de una sociedad en plena modernización.

La sociología continuó con un desarrollo intenso y regular a finales y en los albores del siglo XX. Emile Durkheim, quien se inspiró en algunas teorías de Auguste Comte para renovar la sociología, quería en particular "estudiar los hechos sociales como si fueran cosas". Uno de los retos de la sociología era desarrollarse como una ciencia autónoma. Durkheim, retomando algunas de las precocupaciones de Comte buscó distinguir a la sociología de la filosofía por un lado (cuestión que Comte no había hecho) y de la psicología por el otro.

Él postuló las bases de una metodología científica para la sociología, en particular en la obra "Las reglas del método sociológico" (1895), y en "La división del trabajo social" (1893), libro que además es su tesis. Su método reposa esencialmente en la comparación de estadísticas y características cuantitativas, buscando liberarse de todo subjetivismo ligado a toda interpretación cualitativa, y a desembarazarse de todos los prejuicios morales o moralizadores a priori para comprender los hechos sociales como en su obra: "El Suicidio". El primer departamento europeo de sociología fue fundando en 1895 en la Universidad de Bordeaux por Emile Durkheim.

Karl Marx es otro pensador que ha tenido una profunda influencia en el pensamiento social y la crítica del siglo XIX. Si bien es un autor inclsificable por lo profundo de su obra, ha dotado de todo un enfoque trascendental para la sociología. Marx influyó en la sociología otorgnádole conceptos como el de clase social e ideología, así mismo conceptualizó a la sociedad como una esfera de conflicto en donde las relaciones sociales estaban orientadas por la dominación de unos sobre otros. Son notables sus estudios sobre la dominación capitalista a mediados del siglo XIX.

Max Weber, contemporáneo de Durkheim, tomó un camino diferente. Empleó la Ciencia política, la Economía política, la Filosofía de la cultura y del derecho, los estudios religiosos que son, según él, todo como la sociología, las "ciencias de la cultura". Según toda una tradición de la filosofía alemana (sobre todo Wilhelm Dilthey), estas ciencias son diferentes de las ciencias naturales ya que tienen su propio método. Ellas proponen una comprensión de los fenómenos colectivos antes que la búsqueda de leyes (es el método comprensivo). Su trabajo fue notable al desarrollar una idea de la Acción social y de los tipos de racionalidad, los tìpos de autoridad y de la legitimidad en el contexto de las transfomaciones capitalistas del mundo occidental pero sin dejar de lado las reflexiones sobre otras culturas.

Menos conocido pero de gran aporte para diversas corrientes contemporáneas es Georg Simmel. Simmel desarrolló el concepto de interacción social y algunos pequeños estudios clásicos sobre la moda, el dinero y el papel del extraño en la relación social.

En 1919 fue fundando un depatamento en Alemania en la Universidad de Munich por Max Weber con la colaboración de George Simmel y Tonnies.

Institucionalización de la Sociología en Estados Unidos

A partir de la llegada del pensamiento social evolucionista a Estados Unidos, llegó de manera importante la influencia de Herbert Spencer y de Georg Simmel. Fruto de esta influencia surgieron dos corrientes. Por un lado, el efímero darwinismo social principalmente desarrollado por Lester Ward. Por otro, surgió la Escuela de Chicago, más que una escuela todo un enfoque relacionado con los estudios urbanos, interaccionistas (influencia de Simmel)y centrados en el sujeto social.
Sigue, en elaboración con la temática de la Sociología después de la Segunda Guerra Mundial.

13.1.08

Sociología como ciencia omnipresente

Desde Durkheim, la Sociología es omnipresente.

Todo lo humano es un hecho social, que puede ser examinado "como cosa" con las reglas que él nos legó y que otros científicos antes de Durkheim han contribuido a perfilar o afilar, como las precisas y punzantes teorías de Marx.

La misma naturaleza se convierte cada vez más en un hecho social debido a la transformación que el ser humano realiza en ella por medio del trabajo. El elemental conocimiento de la naturaleza es también un fenómeno sociológico.

Este carácter omnipresente de la Sociología permite muchas aplicaciones que constituyen elementos básicos para la comprensión de los fenómenos. Sin pretender que existan millares de "sociologías" porque la Sociología, como ciencia es una sola con diversas corrientes, pueden caracterizarse sus aplicaciones como, por ejemplo, Sociología del Arte o Sociología del Deporte y más como Sociología de la Música o Sociología del Fútbol.

Así también por ejemplo, la Sociología de la Guerra, que puede verse como parte de otra aplicación, de la Sociología Militar. La Sociología de la Guerra tiene relación directa con la Sociología Política. Recordemos que Engels señaló que la base material de vida de la sociedad, incluyendo la tecnológica, determina la organización de los Ejércitos y que la lucha armada es la expresión concentrada de intereses económicos de clases sociales.

Sin Francia, no hay Sociología. Sin Escocia e Inglaterra no hay Economía Política. Compte y Saint Simon, crearon la Sociología. Smith y Ricardo la Economía Política. Sin Alemania no hay crítica filosófica, económica y sociológica; no hay Hegel, Marx ni Engels. La Sociología es una ciencia comprehensiva, como dice Weber y sustantiva diríamos, porque sustenta el análisis de todo fenómeno del ser humano.

22.12.07

Anécdotas navideñas de científicos sociales

Max Weber

"El regalo de Navidad para sus padres en 1876, cuando contaba con trece años, fue dos ensayos históricos titulados "Sobre la maldición de la historia alemana, con referencias especiales a la posición del emperador y el papa" y "Sobre el período imperial romano desde Constantino a la migración de las naciones"."

En:

http://weber.pais-global.com.ar/index.php/4858

Federico Engels

En plena crisis económica de 1857 Marx le escribía:

“No sé absolutamente nada respecto de lo que debo hacer y mi situación es, realmente, más desesperada que nunca.”

Para Engels fue un mazazo, acababa de comprarse un caballo con el dinero que le regaló el padre por Navidad.

“...y me da rabia ―contestaba el 22 de enero― tener un caballo para pasear, mientras tú en Londres estás pasando agobios con tu familia.”

http://www.lajiribilla.co.cu/2005/n221_07/221_01.html

21.12.07

Socioeconomía: ¿nueva rama de la Sociología?

SOCIOECONOMÍA

Aunque la Sociedad Mundial de Socioeconomía (SASE) fue fundada por Amitai Etzioni en Harvard en 1989, sus premisas y desarrollo ideológico están empezando ahora a tener repercusión en el mundo de habla castellana. El Capítulo Español de la Sociedad Mundial de Socioeconomía (SASECE), fue oficialmente reconocido en el sexto Congreso Mundial de Socioeconomía, celebrado en París en 1994, y ya organizó sesiones propias a partir del octavo congreso, celebrado en Ginebra, en 1996. A SASECE pertenecen profesores de 18 universidades distintas del Estado Español, principalmente de las áreas de conocimiento de Economía, Sociología y Derecho.

Los propósitos que figuran en el ideario de la Sociedad Mundial de Socioeconomía son:

1.Promover una mayor comprensión del comportamiento económico y sobre todo de los mecanismos de decisión a través de una amplia y variada selección de disciplinas académicas.

2.Promover el estudio y la investigación de las implicaciones políticas y culturales que se derivan de un entendimiento pluricontextual (social, psicológico, histórico, filosófico y ético) del comportamiento económico dentro de comunidades.

3. Servir de vehículo de intercambio de ideas y experiencias a nivel global.

Un resumen de un párrafo de lo que significa este nuevo paradigma diría, en primer lugar, que la Socioeconomía asume que la Economía está inmersa en la realidad social y cultural y que no es un sistema cerrado y autocontenido. Después recalcaría que los intereses que generan comportamientos competitivos no son necesariamente complementarios y armónicos.

La Socioeconomía asume también que los mecanismos de decisión que usan los individuos están influenciados por valores, emociones, juicios y prejuicios, así como por afinidades culturales y otros condicionamientos, y no simplemente por un preciso cálculo de interés propio. En este sentido, no se presupone que los sujetos económicos actúan siempre racionalmente o que están motivados principalmente por el propio interés o por el placer.

Metodológicamente la Socioeconomía valora de igual forma los mecanismos inductivos y deductivos, de ahí que la Socioeconomía pretenda ser al mismo tiempo una ciencia descriptiva y normativa. En palabras de Etzioni, queremos conocer la realidad para contribuir a su mejora.

No tienen los socioeconomistas un exclusivo interés en criticar a la economía neoclásica en su fundamentación y aplicaciones, pero sí que pretenden desarrollar modelos alternativos que sean a la vez ejemplares, predictivos y moralmente justificables.

La Socioeconomía, por último, no implica ningún compromiso ideológico y está abierta a una gran variedad de posiciones que contemplan el comportamiento económico como lugar de acción de la totalidad de la persona y de todas las facetas de la sociedad.

En este contexto, no debemos confundir a la Socioeconomía con un "ismo" más: no se trata de una tercera vía. Las pretensiones de legitimación de esta nueva perspectiva son exclusivamente académicas.

La Socioeconomía se presenta para muchos como una de las novedades intelectuales más importantes aparecidas en los últimos años y, sin duda, una de las de más relevancia política. La constatación del excesivo formalismo en que ha resultado el discurso económico estándar o dominante, ha tenido como resultado la proliferación de propuestas de reforma e, incluso, la presentación de paradigmas alternativos a lo que se considera ortodoxia económica.

El auge actual de la Socioeconomía debe mucho, ciertamente, a esa vocación de paradigma alternativo de la que se ha dotado desde el inicio. Lo que esta nueva perspectiva pretende es reconducir la ciencia económica al seno del contexto social y moral que la vio nacer, con una formulación rigurosa de los criterios de racionalidad o coherencia interna en vista de los fines que se persiguen: la justicia, la solidaridad, y la felicidad globales, y no solamente la maximización de una utilidad llamada interés propio.

Algunos socioeconomistas, principalmente en los EE.UU., han iniciado una plataforma de acción solidaria -The Comunitarian Network- para llevar a la práctica desde la base propuestas operativas del modelo socioeconómico. Esto nos dice también, que la Socioeconomía nace con una finalidad operativa y que no se contenta con planteamientos exclusivamente teóricos o académicos.

La Sociedad para el Avance de la Socieconomía (SASE) está presente en más de 30 países. Además de con su fundador, Amitai Etzioni, cuenta entre sus miembros de honor con algunos de los más prestigiosos economistas y sociólogos del mundo en los últimos tiempos, cual ha sido el caso de K. Boulding, de A. Hirchman, y de J. Galbraith, A. Sen, y H. Simon por un lado, y de P. Bordieu, M. Douglas, y N. Smelser por otro. La sede central de la SASE está en los Estados Unidos.

En Valencia tiene su sede el Capítulo Español de la SASE (SASECE). Entre sus objetivos están:

a) favorecer un análisis pluridisciplinar dentro del dominio de las ciencias sociales,

b) promover el desarrollo de la Socioeconomía en y desde España,

y c) favorecer intercambios intelectuales entre los que trabajan en temas afines a la Socioeconomía. La dirección de contacto es: SASECE. Departamento de Sociología, Universidad de Valencia, Campus de Los Naranjos, 46022 Valencia.

José Pérez Adán